por Macarena Rocío Perez
Cada tanto, se estima que 5 o 6 veces por año, se recibe un llamado que nos informa que algún allegado ha muerto. En este caso, me tocó a mí ser la comunicadora de tal mensaje y me pareció atinado poder plasmar la íntegra conversación con mi madre en las próximas líneas…
-Ma, te llamo rápido porque estoy con el celular
-¿Pasó algo?
-Sí ma, es complicado, las cosas venían mal desde hace mucho, al fin y al cabo creo que era lo mejor para todos, ella estaba sufriendo y bueno…
- No me asustes Macarena, ¿Se murió alguien?
-Sí ma, se murió Tolerancia
Mi madre colgó el teléfono. Estaba devastada. Puedo contarles la historia de Tolerancia si quieren, era una gran amiga de la familia…
Tolerancia fue una mujer muy querida. Era de esas viejas que andaban con delantal por el barrio, iba en pantuflas rosas de toalla al supermercado acompañadas de medias tres cuartos amarillas, le faltaban algunas muelas pero sonreía sin descuido. Era simpatiquísima, medio regordeta y con los tobillos que no le daban más. A veces se olvidaba puesto el rulero, un personaje Tole. Siempre gozó de buena salud. Tole era de esas que aceptaban al otro, ¿viste?, lo escuchaba, daba opinión sin ofender, nunca se anteponía a nada porque… no le molestaba nada. Nunca le molestó que use escarba dientes en su cara, que moje el pan en la salsa de la cacerola, ni siquiera que le haya dicho que el judaísmo era una religión absurda sabiendo que su padre era rabino de la sinagoga de por acá. La mina parecía que se había tirado un tarro de vaselina encima, le resbalaba todo. Pero Tole se puso grande y algunas cosas le empezaron a molestar, pero por su costumbre a no alzar la voz, se quedaba callada. Entonces empezó a engordar, la pobre se bancaba todas y procesaba su angustia morfando… pura transferencia de patologías. Pero ya llegaba un punto en que tole no soportaba los defectos del otro y seguía lastrando… y bueno aguantó hasta que explotó… ergo, se murió. Nos tomó a todos por sorpresa, así que me crucé al doctor de en frente, acá vamos todos con él porque le tiras unos mangos y te firma los certificados, y me dijo que la real causa de la muerte de Tolerancia no fueron las arterias obstruidas con grasa sino que fue El proceso de individuación del humano. Me quedé boquiabierta y le pagué lo correspondiente al doctor porque claro, él no iba a romper el $ecreto profe$ional por nada.
Basado en una historia real.
Soy de esas personas que se presentan y hablan de sus defectos indiscriminadamente. Muchos me conocen más por defectuosa que por virtuosa, y siempre cometí el error de presentarme como Intolerante. Y digo que es un error or el hecho de que TODOS somos intolerantes, porque a fin de cuentas (como ya les conté) ¡La tolerancia se murió! Sincerémonos, reconozcamos que pertenecemos a una sociedad individualista que solo se actúa en función a fines personales y que se tiene en cuenta muy poco al otro. Nos estancamos en un discurso que reproducimos una y otra vez en nuestras mentes y no nos permitimos salir de allí y cuando aparece en el plano EL OTRO, con su discurso total o parcilamente opuesto aparece la intolerancia. Me atrevo a considerarla como consecuencia directa del individualismo. Y como si esto fuese poco el mismísimo concepto de tolerancia ha cambiado completamente, en el inconsciente colectivo la tolerancia se considera la capacidad de soportar los defectos (o aquellas virtudes que no condicen con las nuestras) ajenos hasta que nuestra paciencia diga ¡BASTA! Es decir, que cuando somos tolerantes… solo estamos postergando la intolerancia.
No nos mintamos más cuando nos llamamos tolerantes a nosotros mismos, o vamos a terminar obesos y con las arterias obstruídas como la pobre tole.
No hay comentarios:
Publicar un comentario